3/1/17 | By: Alherya Bennet

Adiós a una estrella

Es difícil saber por dónde empezar. El pasado 27 de diciembre falleció Carrie Fisher, actriz mundialmente conocida por su papel en Star Wars como la Princesa Leia Organa de Alderaan. Ha sido una muerte difícil de asimilar para muchos, entre quienes me incluyo, y una noticia bastante amarga por las fechas. Tan solo un día después, la también actriz Debbie Reynolds, madre de Carrie, fallecía.

Hija del cantante Eddie Fisher y de la actriz Debbie Reynolds, apareció junto a su madre en algunas producciones. En 1977 adquirió el papel que le daría la fama mundial como una de las protagonistas de Star Wars, encarnando a Leia en la trilogía original y retomando el papel en el octavo episodio de la saga, El Despertar de la Fuerza en 2015. En 1980, cuando se estrenó el episodio V, también apareció en The Blue Brothers.
Luchó contra la dependencia de las drogas y el alcohol, y su carrera como actriz se resintió bastante. En 1987 publicó la novela semiautobiográfica Postales desde el filo, y sería la primera de otras tantas.
Carrie ha sido siempre abierta respecto a sus problemas con el alcohol, las drogas, los antidepresivos o su trastorno bipolar. Ha sido una luchadora nata, alguien que ha sabido superar las adversidades y ha sabido mantener la cabeza bien alta y un humor envidiable. Es algo que tiene en común con el personaje de Leia. Son mujeres en un mundo de hombres que no han dejado que se les desprecie, que ante los baches han sabido sobreponerse y que han seguido luchando una y otra vez.
No solo ha sido actriz y escritora, también guionista. Ayudó en la revisión de guiones como la propia saga de Star Wars, ya desde su juventud, o en otros tan conocidos como Hook, Sister Act o Arma Letal 3.

El pasado 23 de diciembre sufrió un infarto en el avión que la llevaba de Londres a Los Ángeles. Aunque su hermano, el actor Todd Fisher, había dicho que se encontraba estable, Carrie seguía en la UCI. Su hija, Billie Lourd, confirmó su fallecimiento tan solo cuatro días después. Su madre, Debbie Reynolds, falleció el día después.

Carrie en Star Wars Episode VII: The Force Awakens
Para muchos ha sido más que la princesa de la famosa saga de George Lucas y más que un símbolo sexual. Carrie se convirtió en una persona admirable. Su buen humor, su inteligencia, esa chispa, su talento, su fortaleza, su belleza. No hay más que ver entrevistas para ver que era una mujer como pocas. Tanto ella como su personaje, ese del que jamás pudo desprenderse, han sido dos de mis ejemplos a seguir desde mi adolescencia.

Carrie (derecha) junto a su madre, Debbie Reynolds (izquierda)
Aunque este post llega un poco tarde debido a la mudanza que estaba realizando, quería aun así escribirlo, despedirme de esta mujer tan maravillosa. El pasado 27 de diciembre se apagó una gran estrella, pero su estela permanece.

Descansa en paz, Carrie.

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