27/8/15 | By: Alherya Bennet

Escribiendo "Guardiana de Elune"

Son varias las veces que en que algunos me han preguntado cómo escribo Guardiana de Elune, trucos para la concentración o cosas por el estilo. A decir verdad hago lo que ningún escritor debería hacer: escribir lo que pasa por mi mente y publicar sin haber revisado el escrito ni una sola vez. ¿Pero es tan sencillo como sentarse delante del ordenador y ya está? No.

Al ser una historia que ya he "vivido", por así decirlo, ya que interpreté el personaje de Dalria desde el momento cero, tengo la facilidad de que sé qué pensaba y qué sentía en cada momento. Me es mucho más sencillo ponerme en cada situación que si tuviera que escribir desde un personaje que apenas conozco. Así pues, lo primero que hago tras ponerme música (tengo una pequeña lista de reproducción de música elfa del WoW) es situarme en el último capítulo que escribí para refrescarme y repasar lo que pasa a continuación. Para ello me ayudo de las capturas de pantalla que hago cuando sé que voy a escribir algo (por entonces escribía todo lo que les ocurría a mis personajes). Las repaso por encima y decido hasta qué es lo que habrá en el capítulo que escribo, qué es lo que voy a escribir y qué es lo que voy a omitir. Es importante hacer un resumen de lo que vas a escribir. Sobre todo, cuando se trata de historias tan largas como es el caso, escribir lo que pueda tener algún tipo de relevancia. Hay que mantener al lector interesado. Como suelo escribir tres párrafos, los separo de la siguiente manera:
  1. Conexión entre el capítulo anterior e introducción a lo que pasa en el actual.
  2. Aquí es cuando suelto la bomba. Lo que haya de importante para contar, lo cuento aquí.
  3. El párrafo que cierra el capítulo. A veces es una continuación del anterior, otras es introspectivo. No suelen ser conclusivos, de lo contrario da la sensación de que la historia finaliza ahí y que no va a haber nada más. Está bien cuando se cierra una etapa o algo importante, como fueron la trama de Karazhan o (¡IMPORTANTE! No sigas leyendo si no has llegado aún al capítulo 54) la muerte de Thoribas.


Como todo es en primera persona, hago hincapié en los sentimientos del personaje, en qué piensa sobre quienes le rodean o sobre lo que acaba de pasar. Cuando hay un momento de tensión no es momento de descripciones a no ser que sea algo realmente importante. Si se trata de una batalla, tal vez el personaje se haya fijado en la sangre que brota de la herida reciente que tiene su enemigo y cómo cae por su rostro, algo que podría aprovechar en su favor. Sin embargo, en ese momento hay que prestar atención sobre todo a los sentimientos del personaje, indagar cómo se siente en la situación en la que se encuentra y cómo la va a afrontar. Karazhan es un ejemplo. La descripción del lugar es escueta ya que el personaje se centró en lo que veía primera vista y en las sensaciones que no la abandonaron en ningún momento de dicha trama: el frío, el miedo, la soledad y la esperanza de que Enthelion acudiera a su lado. El miedo es una emoción algo compleja de relatar ya que todos lo vivimos de forma distinta y en muchos casos es algo irracional e incontrolable, algo que juega con nuestra mente si se lo permitimos y eso afecta a nuestra percepción de la realidad.
Claro está, hablo teniendo en cuenta de que narramos en primera persona. Un narrador en tercera persona puede dar mucho juego con las descripciones, pero puede no saber lo que ocurre por la mente de los personajes, qué sienten o cómo les afectan los sucesos recientes.

Los diálogos son otra parte algo compleja para algunas personas. Muchos se pasan con los diálogos, otros apenas los añaden por falta de relevancia. Encontrar un término medio es difícil. Muchas de las cosas que se hablan se pueden narrar. ¿Qué debe narrarse y qué debe indicarse como diálogo? Eso es bastante personal, me temo. Personalmente prefiero que la información más importante o que más pueda afectar a Dalria esté indicado como diálogo, consiguiendo así más impacto. De este modo, además, se crea la sensación de una pequeña pausa entre narración-diálogo-narración. Narrar cómo sienta a Dalria algo que acaba de oír a veces es importante. Otras veces parece una conversación banal, pero ayuda al personaje a desenvolverse y da pistas al lector de por dónde pueden ir los tiros. Cuando hay cosas que están cantadas es mejor no evitarlas ni ocultarlas. En el caso de Dalria, es obvio desde un principio que se siente atraída por Enthelion y que está enamorada de él. No es algo que trate de ocultar en ningún momento, pero sí que mediante diálogos dejo ver cómo afecta en ella la forma de pensar de su compañero. Además, no todo el mundo es avispado y pilla las cosas más obvias, así que también hay que darles esas pequeñas indicaciones.

A grandes rasgos es en lo que me centro a la hora de contar la historia. En resumen, hecho un vistazo rápido a qué voy a escribir, me pongo en la piel de Dalria y lo relato según su forma de ser y de pensar. Una vez lo tengo todo escrito, justifico el texto, añado la imagen y programo la publicación. Mi fallo está en no revisar lo escrito. No por las faltas de ortografía, que siempre se me puede colar alguna, sino por si lo que he escrito tiene sentido, si lo podría haber expresado de otra manera, si hay algo que retocar... Vamos, que no hago lo que tendría que hacer tras acabar un texto, pero es la costumbre que he cogido después de quince años escribiendo de este modo. Las redacciones en el instituto las escribía cinco minutos antes de entregarlas y las acababa justo a tiempo, por lo que no tenía tiempo para revisar nada. Así es como me acostumbré a pensar bien lo que escribo y cómo quiero expresarlo. Por suerte en el ordenador es mucho más sencillo: si te equivocas puedes borrar las veces que quieras y volver a escribir.

Mi único consejo es practicar. Nadie nace enseñado. Media hora al día puede ser suficiente y no hay porqué escribir una historia. Basta con escribir qué hemos hecho durante el día, qué nos ha llamado la atención, tal vez ver una película y anotar detalles sobre la gente que hay de fondo (quienes son, a qué pueden dedicarse, adónde van, quién forma parte de su familia, etc.). Es una buena manera de coger confianza uno mismo con el papel (o el teclado). Más adelante, practicar más tiempo e intentar crear una historia. Dejarla reposar un tiempo y repasarla más tarde, ver qué nos gusta de lo que tenemos escrito y qué no, quedarnos con aquello que nos ha gustado y ver cómo podemos mejorar aquello que no. Y lo más importante: nunca darse por vencido.

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