23/7/13 | By: Alherya Bennet

Matar o no matar... he ahí la cuestión

Ante todo pido disculpas de antemano por si alguien se siente ofendido con esta entrada. No es mi objetivo ofender a nadie, si no dar mi punto de vista desde el respeto.

Cada uno tiene sus gustos. Todos somos libres de elegir qué nos gusta y por qué. O no, a veces nos gusta algo y no sabemos ni por qué. Mientras se respeten los gustos de los demás no hay ningún problema, y si alguien quiere meterse con los nuestros es mejor ignorarle y evitar así cualquier posible conflicto. ¿Pero qué pasa cuando en esos gustos se daña a alguien? Y no solo hablo de personas, si no de cualquier tipo de vida. ¿Qué pasa cuando nos encontramos con alguien que entre sus gustos está el matar a un animal o el ver cómo otra persona lo hace? Tal vez a algunos les parezca algo descabellado o extremo, pero en mi opinión es lo mismo que matar a una persona.

En este caso hablo de la tauromaquia, ese arte tradicional español. Entretenimiento y diversión de muchos, dentro y fuera de nuestro país. Muchos lo defienden con que es una tradición, otros con que da muchos puestos de empleo, otros tantos con que el toro vive mucho mejor que las reses que van a parar a nuestras mesas... Pero la base sigue siendo la misma: un animal encerrado contra un hombre que va a ir clavándole banderines hasta la muerte. Va a cansarlo y a desangrarlo hasta darle el golpe de gracia. En algunos sitios no tienen la suerte de estar en plenas facultades para poder embestir, correr o esquivar, pues los atontan golpeándoles con sacos de arena o los golpean.

Vamos a analizar todo por partes.
¿Tradición? Sin duda, los toros son una tradición española bastante antigua. Encuentro lógico, dentro de unos parámetros, que se defienda como tradición, pues es parte de nuestra cultura. Sin embargo, estoy en contra del maltrato que recibe el animal en el ruedo. Se puede dar un espectáculo parecido sin que el animal sufra daño alguno, sin tener que ver la violencia que recibe y que, tras el mismo, siga vivo y de nuevo al campo. Lo que yo me pregunto es, ¿se defendería del mismo modo una tradición en la que fuera una persona la que terminara muerta? No lo creo. Una vida es una vida, y las personas también somos animales. No tenemos más derechos que ellos, si no los mismos.

¿Empleo? Es cierto que el mundo de los toros da empleo, pero puestos a mirarlo de este modo... Las arenas de gladiadores también, así como los mercados de esclavos. Dan empleo, que eso es lo importante, ¿no? Al contrario que las vidas que se sesgan, pues están para que esas personas que trabajan en ese campo puedan llevarse cada mes un sueldo a sus bolsillos y así alimentar a su familia. Porque eso es lo que importa, el dinero. ¿O no sería lo mismo? Desde mi punto de vista, las arenas de gladiadores, los mercados de esclavos y los toros dan puestos de trabajo a cambio de vidas. No importa si son humanas o no. Como he dicho antes, una vida es una vida, indiferentemente de la especie o género.

¿Mejor vida? Este punto es indiscutible... hasta cierto punto. El toro que sale al ruedo tiene una mayor esperanza de vida, se alimenta mucho mejor, están mimados a más no poder, otros tantos terminan dedicados a la reproducción y, los que no mueren en el ruedo y los retiran, terminan sus vidas al alcanzar la vejez y una vez les llega el momento de forma natural. Pero, y siempre hay un pero, por muy bien que vivan, sigue pareciéndome atroz la forma en que tienen que morir en el ruedo. Es como tratar a una persona a cuerpo de rey para después, cuando te apetezca, torturarle hasta la muerte.

Toros sí, tauromaquia no. Puede haber toros sin que estos deban morir o sean maltratados en modo alguno. Se me puede tachar de ingenua, pero soy incapaz de creer que los amantes de los toros no vean un mínimo de crueldad o que los puestos de empleo la justifiquen. Yo no soy de las que votan "no a los toros", pero sí "no a la violencia contra los toros". Y no solo contra los toros, donde digo toros puedo decir cualquier otro animal o persona. No somos nadie para matar animales por diversión, por tradición. No somos dioses que decide quién vive o quién muere, pero es a lo que jugamos.

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