29/6/12 | By: Alherya Bennet

Por carretera

Ayer fue uno de esos días en que fui a visitar a mis padres y volví a tener problemas al volante. Me gustaría explicar qué problemas suelo tener cuando conduzco, y no propios. Ojo, tampoco es que yo sea un as al volante, pero vaya cosas me veo...

Ciclistas

Los ciclistas que suelen ir por la nacional dan bastante por saco. No importa si hay arcén o no, porque no lo usan y para esquivarlos tienes que hacer las mil maravillas. Eso sí, los caminos de tierra por donde deberían ir siguen intactos. No creo que sean conscientes del peligro que suponen, ya no sólo para sí mismos, sino para los demás, que somos quienes debemos invadir el carril contrario (esperando que el coche que viene de frente se dé cuenta de tu maniobra y se meta un poquito para su derecha, dejándote espacio) con tal de no darles. Uno de los tramos de la N-II -creo que llegando a Calella- tiene un arcén inexistente y hay una sucesión de curvas. Aquí tienes una única opción, y es ir a su paso. Ayer, además, en este tramo me encontré con tres ciclistas que, en lugar de ir en fila y a un buen ritmo, iban uno al lado del otro, charlando, señalando hacia un sitio o hacia el otro... En definitiva, recreándose, mientras se formaba una caravana tras de ellos.
Resumiendo, civismo cero por parte de esta gente. Lo lamento por aquellos que no actúan de este modo, porque siempre se termina generalizando y no todo el mundo actúa de la misma forma.

Rotondas


Realmente no sé qué pasa con las rotondas. No sé si no explican bien su funcionamiento o si la gente no entiende cómo van. La semana pasada ya estuve cerca de colisionar tres veces en una misma rotonda. Nada más incorporarme y pasar cerca de la primera salida, una joven, desde el carril interior, me pita y me hace gestos como preguntándome qué hago en medio de su camino mientras pasa por delante de mí al frenar yo. Cuando avanzo un poco, una mujer sale de esa misma salida sin mirar. Afortunadamente no tenía a nadie detrás, porque tuve que detenerme en seco para no darle. Tomo aire, manteniendo la calma y decido continuar, pues la segunda salida es la mía. Cuando voy a salir, la enorme furgoneta que estaba en el carril interior también decide salir, poniendo el morro delante de mi capó.
Empiezo a preguntarme si no seré yo la que no sabe cómo va una rotonda, pues esto son cosas que me pasan a diario.



Por último, los ceda el paso

Según te explican en la autoescuela, cuando una persona tiene un ceda el paso DEBE detenerse si viene alguien y cederle el paso. De ahí le viene el nombre a la señal triangular hacia abajo, ¿no? Pues parece ser que mucha gente lo entiende al revés. No importa si es un ceda el paso o un carril de aceleración, no importa si tú te ves obligado a esquivarles de mil maneras distintas con tal de no colisionar, que ellos se meterán.
Es posible que la mala suerte me acompañe cuando conduzco, pero todos los que han ido conmigo en coche coinciden en que siempre me pasa algo por el estilo.

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